Lo que un sauna me enseñó sobre la ansiedad corporal (y por qué sentirse sana más que mirarse)
Dejar de tratar nuestro cuerpo como un adorno o un instrumento para empezar a vivirlo como un proceso: reflexiones sobre la ansiedad corporal y la libertad de "ser" en la propia piel.
A veces, la relación con nuestro cuerpo se vuelve una carga silenciosa. Especialmente cuando sentimos que "nunca es suficiente" o cuando la mirada externa —o esa voz crítica interna— se vuelve una vigilancia constante. Recientemente, viviendo en Alemania, me enfrenté a una experiencia que desafió mis propios esquemas de pudor y autoexigencia: el sauna. Entre el choque cultural y la desnudez compartida, encontré una lección profunda sobre cómo aliviar la ansiedad corporal, no a través del control rígido, sino a través del proceso de habitarse.
Javiera Gutierrez Rioseco
La cultura del sauna aquí es muy distinta a la que conocemos en Chile. Fui invitada por unas amigas latinas (que van por los beneficios físicos), y yo me sumé buscando relajarme y compartir. Pero había un detalle no menor para mi pudor cultural: aquí la desnudez es la norma y los espacios suelen ser mixtos.
Si te soy honesta, ver genitales masculinos es un límite al que mi mente aún no se adapta del todo, así que opté por un horario exclusivo para mujeres. Aun así, entrar a un espacio donde la norma es despojarse de todo —literalmente— fue un desafío.
Si ya con traje de baño aparece todo lo que hacemos para acercarnos al cuerpo ideal: "entra la guata, camina erguida, saca pecho" y todo lo demás, sin el traje de baño... Uf.
Pero había una "regla de oro" que me habían explicado antes de entrar y que cambió toda la experiencia: La mirada de túnel.
La norma social implícita es que se mira a los ojos. Al rostro de la otra persona. Nunca se escanea el cuerpo.
Entre el vapor y el silencio, la necesidad de 'verse bien' empieza a perder sentido. - rudi205 en Pixabay
El choque cultural y la "Mirada de Túnel"
En Chile, nuestra cultura suele ser pudorosa y vigilante. Aquí, la desnudez en el sauna es la norma y los espacios suelen ser mixtos. Reconozco que mi mente aún encuentra límites en esto, por lo que opté por un horario exclusivo para mujeres. Aun así, despojarse de la ropa —literalmente— activa de inmediato nuestro sistema de amenaza.
Si con traje de baño ya aparece la "autovigilancia" (entrar la guata, caminar erguida), sin él, el sistema de comparación social se dispara. Sin embargo, en el sauna alemán rige una "regla de oro" que es una joya de regulación social: La mirada de túnel. La norma es mirar a los ojos, al rostro; jamás escanear el cuerpo ajeno. Esta práctica reduce lo que técnicamente llamamos neurocepción de amenaza. Al sentir que nadie nos está "evaluando", nuestro cuerpo finalmente puede soltar la tensión. Pasamos de la autovigilancia (sentirnos un objeto para ser visto) a la presencia (sentirnos un ser que simplemente existe).
Mucho del malestar que atendemos no nace solo en nuestro interior, sino en condiciones y normas culturales que sostenemos entre todos. Si te interesa profundizar en cómo abordamos estas presiones desde la ciencia y la calidez, te invito a leer sobre cómo trabajo con el enfoque de la Terapia Centrada en la Compasión (CFT) aquí.
Volver a sentir lo simple: el agua fría, la textura, el choque de temperatura. Aquí el cuerpo no posa, solo vive. - Studio_Lichtfang, en Pixabay
El cuerpo: ¿Adorno, Instrumento o Proceso?
Suelo trabajar en psicoterapia un cambio de paradigma inspirado en las hermanas Kite (More Than a Body): dejar de ver el cuerpo como un Adorno (objeto decorativo para ser juzgado) y pasar a verlo como un Instrumento (una herramienta para hacer cosas).
Es un avance ético enorme. Decir "mis piernas me llevan a lugares" nos devuelve la agencia y nos saca de la vitrina estética. Sin embargo, desde una mirada epistemológica más fina, el concepto de "instrumento" todavía guarda un dualismo residual. Sugiere que hay un "yo" (piloto) que usa un "cuerpo" (auto). Si el cuerpo-auto falla o enferma, el sujeto siente que ha perdido su posesión.
La propuesta de la Encarnación (Embodiment) es más profunda: No tenemos un cuerpo, somos un proceso corporal. En el sauna, lo sentí real. No era "yo" usando mi piel para sentir el calor; yo era la sensación del vapor, el latido acelerado y el alivio posterior. No había un piloto y un vehículo; había un "existir" encarnado.
"Habitarse, con sus luces y sus sombras, con sus zonas de confort y sus aguas frías, es, en última instancia, volver a casa."
La Mente Social y la trampa de la perfección
Desde la CFT, entendemos que esa voz crítica que nos escanea no es un error de fábrica, sino una respuesta de nuestra Mente Social. Nuestro cerebro antiguo teme que, si no cumplimos con los estándares de la "industria de la belleza", seremos expulsados de la tribu.
Es fundamental entender que esta ansiedad no es "superficialidad". Es tu sistema de autoprotección respondiendo a una cultura que premia la estética. No es tu culpa sentir esta presión, pero sí podemos influir en cómo respondemos a ella. Comprender que nuestra mente está "colonizada" por estas presiones externas nos permite aliviar la vergüenza y recuperar la soberanía sobre nuestra experiencia.
Habitar lo desagradable: La sabiduría de los límites
En mi experiencia en el sauna, hubo un momento de desafío: pasar por el agua helada ayuda a activar la circulación cuando pasas al calor extremo. Así que decidí sumergir solo las piernas en el agua fría. No fue un acto de masoquismo, sino de cooperación con mi biología. No forcé a mi sistema al colapso; negocié con él.
Habitarse es eso: aprender a estar presente tanto en el placer como en la fragilidad de la incomodidad, reconociendo que la vida es un flujo constante. No se trata de "echarle ganas", sino de entender por qué nos sentimos así y tratarnos con la sabiduría de la compasión. Si hoy sientes que "estás bajoneada" o que la presión por rendir te tiene paralizada, recuerda que tu cuerpo es tu casa. Y a casa siempre se puede volver con amabilidad.
Democratizar el bienestar
Estas experiencias de conexión no deben ser lujos inalcanzables. El espacio al que fui es un centro de salud público y accesible. Esto es relevante porque la desconexión corporal afecta a todos: veo en consulta a hombres jóvenes atrapados en la tiranía del "six-pack" o el control obsesivo del rendimiento. Ellos también sufren cuando su identidad queda atrapada en un diagnóstico o un estándar estético.
Habitar el cuerpo se siente así: como volver a casa y dejar de pelear con la propia existencia. - atelierbyvineeth, en Unsplash.
¿Dónde estás tú hoy?
Escribo esto no porque tenga la respuesta definitiva, sino porque es lo que estoy construyendo y preguntándome hoy.
Si hoy te sirve pensar en tu cuerpo como un Instrumento para sacarlo del juicio estético, hazlo. Es una trinchera segura y necesaria.
Pero si sientes curiosidad por ir más allá, te invito a probar pequeñas dosis de Encarnación:
- Pasar del "¿Cómo me veo?" (Cuerpo-Adorno)
- Al "¿Qué puedo hacer?" (Cuerpo-Instrumento)
- Y finalmente al "¿Cómo se siente existir aquí?" (Cuerpo-Proceso).
Habitarse, con sus luces y sus sombras, con sus zonas de confort y sus aguas frías, es, en última instancia, volver a casa.
Si sientes que la vigilancia te está quitando demasiada energía y te gustaría trabajar la relación contigo misma en un espacio seguro, puedes revisar cómo funciona mi espacio de psicoterapia aquí.
Y si solo quieres conocer quién está detrás de estas letras y mi recorrido, te invito a pasar por mi Perfil.
Gracias por leerme hasta aquí.
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