La belleza de ser cuidad@ (y unos patos en el río)
¿Qué tienen que ver unos patos en un río alemán, mi cumpleaños y la Terapia Centrada en la Compasión? Una reflexión personal sobre uno de los desafíos más grandes para quienes vivimos en la autoexigencia: el arte de detenerse, abrir las grietas y simplemente dejarse cuidar.
Javiera Gutierrez Rioseco
Esta entrada es realmente un discurrir de la conciencia, muy motivada por experiencias que tuve este fin de semana.
Como cada viernes, junto a colegas, nos reunimos a guiar prácticas de compasión. Tuve la oportunidad tanto de guiar el yo compasivo -espero algún día hablar sobre el trabajo en el desarrollo de este-, como de recibir. El colega que guió la segunda práctica realizó la práctica de los tres flujos del cuidado.
Desde el budismo, y la verdad es que me hace mucho sentido, tenemos en el corazón el núcleo de vulnerabilidad, de ternura, que tiene sus grietas por las heridas que todos hemos vivido, pero que son esas mismas las que permiten que entre luz, el cuidado.
En la la terapia centrada en la compasión (CFT), el cuidado tiene tres direcciones posibles, y me encanta esta perspectiva, porque reconoce la interdependencia.
- Desde un@, hacia los otros;
- Desde un@, hacia un@;
- Desde los otros, hacia un@.
Me voy a quedar en esta última (de los otros hacia uno), porque fue la que más me resonó. Y curiosamente, esos 'otros' no siempre son humanos. Desde que llegué a Alemania, me puedo pasar MUCHO tiempo observando a los patos en las distintas lagunas o fuentes (vivo en una ciudad atravesada por un río y con muchos manantiales). Tengo la sensación de que me generan lo que a muchos les pasa con los perros. Me causa mucha ternura verlos interactuar, nadar de un lado a otro buscando comida, subirse a las piedras, hacer cuac cuac, y así podría seguir. Tengo MUCHOS videos y fotos de ellos.
Y tengo aun más videos de ellos. -
Y la práctica invita a tomar conciencia del cuidado disponible: desde las palabras que escuchas, las personas que te han ayudado, mentores, hasta lo que el mundo te regala instante a instante (el aire, la tierra, las flores, la música). Y fue aquí donde emergió la imagen de los patos y la comprensión de lo que me generan. Es esta alegría, este gozo de contemplar la belleza, de permitir que esta entre. La práctica lo plantea como los recursos para este corazón tierno. Y eso es, ternura. Es conectar con ella, permitirse sentirla.
Y al día siguiente, estuve de cumpleaños. Tengo la fortuna de poder vivir mi cumpleaños como un día de máximo cuidado desde los otros. Y me noté tremendamente afectada por las muestras de cariño de mi familia, mis amistades y mi pareja. De una manera muy similar a lo que sentí en la práctica: esta sensación de ‘corazón hinchado’. Una paciente una vez lo describió como sentirse ‘acunada’.
Y pensaba en lo increíble que es poder sentir esto. Lo increíble que nuestra mente cuerpo esté ‘cableada’ de tal forma que podamos sentirnos reconfortados, que podamos parar el caos del día a día y simplemente estar, sentir. Y lo increíble que es poder nutrirse con sentir la luz del sol, ver las estrellas, escuchar los pajaritos cantar.
Y estoy segura de que no siempre tuve esta apertura. Esto va más atrás de mi formación en CFT; esta simplemente me ordenó las ideas que ya tenía -y las sustentó en evidencia, claro-. Pero pienso en momentos en que estaba muy enganchada en competir, en ser mejor, en avanzar. O momentos en que estaba muy preocupada por mi presente o mi futuro, y no podía ver más. Y no digo que sea posible vivir en el nirvana en esta sociedad actual. Pero sí podemos tomar acciones para balancear nuestros sistemas emocionales y, poco a poco, darle el espacio para disfrutar y valorar esos patos, o ese olor a mar.
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